Las necesidades más profundas
Jesús, como Señor, sabía más acerca de la gente que ellos mismos. Hay muchos informes en los Evangelios donde Jesús mostró que no sólo sabía lo que la gente pensaba en ese momento (ver Mar. 2:8), él también conocía su historia pasada (Juan 4:18).
Lee Salmos 139:1 al 13. ¿Qué nos dice aquí la Palabra de Dios?
Como vimos ayer, Jesús conocía las necesidades de la gente y la ministraba en sus necesidades. De hecho, él sabía aun las necesidades que estaban bajo la superficie. Esta realidad se ve en la historia del paralítico. Aunque era obvio, superficialmente, lo que necesitaba era sanidad física, pero había allí algo más profundo, que es por qué antes de decirle que tomara su cama y se fuera caminando, Jesús dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mar. 2:5).
Lee Marcos 2:1 al 12. ¿Qué sucedía debajo de la superficie con respecto a este hombre? ¿De qué maneras esta necesidad muy profunda podría ser un problema para todos aquellos a quienes procuramos ministrar?
Jesús sabía que el problema era más que físico. “Sin embargo, no era tanto la curación física como el alivio de su carga de pecado lo que deseaba. Si podía ver a Jesús, y recibir la seguridad del perdón y de la paz con el Cielo, estaría contento de vivir o de morir, según fuese la voluntad de Dios” (DTG 233).
Por supuesto, no podremos llegar debajo de la superficie como lo hizo Jesús. No obstante, podemos estar seguros de que quien sea a quien ministremos, será una criatura dañada por el pecado. Es decir, cualesquiera sean las necesidades superficiales, también tienen necesidad de gracia, del conocimiento de un Dios que los ama, que murió por ellos y quiere lo mejor para ellos.
Piensa en cuánto anhelas tú tener la certeza de la salvación y el saber que Dios te ama. ¿De qué forma puedes ayudar a otros a experimentar esa misma certeza y amor?
Jesús, como Señor, sabía más acerca de la gente que ellos mismos. Hay muchos informes en los Evangelios donde Jesús mostró que no sólo sabía lo que la gente pensaba en ese momento (ver Mar. 2:8), él también conocía su historia pasada (Juan 4:18).
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Como vimos ayer, Jesús conocía las necesidades de la gente y la ministraba en sus necesidades. De hecho, él sabía aun las necesidades que estaban bajo la superficie. Esta realidad se ve en la historia del paralítico. Aunque era obvio, superficialmente, lo que necesitaba era sanidad física, pero había allí algo más profundo, que es por qué antes de decirle que tomara su cama y se fuera caminando, Jesús dijo: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mar. 2:5).
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Jesús sabía que el problema era más que físico. “Sin embargo, no era tanto la curación física como el alivio de su carga de pecado lo que deseaba. Si podía ver a Jesús, y recibir la seguridad del perdón y de la paz con el Cielo, estaría contento de vivir o de morir, según fuese la voluntad de Dios” (DTG 233).
Por supuesto, no podremos llegar debajo de la superficie como lo hizo Jesús. No obstante, podemos estar seguros de que quien sea a quien ministremos, será una criatura dañada por el pecado. Es decir, cualesquiera sean las necesidades superficiales, también tienen necesidad de gracia, del conocimiento de un Dios que los ama, que murió por ellos y quiere lo mejor para ellos.
Piensa en cuánto anhelas tú tener la certeza de la salvación y el saber que Dios te ama. ¿De qué forma puedes ayudar a otros a experimentar esa misma certeza y amor?







