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La naturaleza de las ciudades
Las ciudades reúnen muchas culturas, grupos étnicos, lenguas y religiones diferentes. Tradicionalmente, cada grupo tenía su “barrio” o territorio definido. Crecientemente, toda clase de gente vive al lado de los otros en todas las regiones metropolitanas. Esta realidad multicultural crea riesgos y complejidades, pero también provee grandes oportunidades para el evangelio. Hay mayor tolerancia a las ideas nuevas, una mayor disposición a escuchar acerca de religiones nuevas, como las que a menudo existen en los ambientes culturales tradicionales fuera de las ciudades. La ciudad puede proveer acceso a muchas personas que de otro modo podrían nunca haberse encontrado cerca del mensaje adventista del séptimo día.

Lee Hechos 18:1 al 28 para ver un ejemplo del modo en que Pablo realizó la plantación de iglesias en las ciudades. ¿Qué puntos podemos aprender de lo que él hizo allí?

En estos centros urbanos, había un mosaico de muchas lenguas, culturas y grupos étnicos, así como los tienen hoy las ciudades. Pablo encontró tipos específicos de personas con las que se conectó. Encontró personas que compartían sus conexiones con la fe judía, la ciudadanía romana, y la tarea de fabricar tiendas en lo que él estaba capacitado. Él usó estas habilidades para sostenerse a sí mismo. Vivía en la casa de alguna pareja que llegaba a ser creyente y evangelistas. Enseñaba en la sinagoga hasta que era expulsado de ella, y luego comenzaba un hogar-iglesia en la casa de un creyente. Adiestraba y actuaba como mentor de suficientes creyentes nuevos de modo que cuando él se fuera, podía designar personas para dirigir el grupo.

Es claro que Pablo comprendía el contexto multicultural y de diversas creencias de las ciudades, y trabajaba en él (ver también 1 Cor. 9:20-23). Él sabía cómo adaptarse al ambiente que lo rodeaba, y aprendió a presentar la verdad a fin de atender a las necesidades de aquellos que estaba procurando alcanzar.

¿De qué manera podemos, como individuos y como iglesia local, estar mejor equipados para mezclarnos con nuestras comunidades de modo que podamos alcanzarlas?
“Jesús les decía: “Síganme”


Lee Para el Estudio de esta Semana: Hechos 18:1-28; Éxodo 2:23-25; Mateo 13:3-9, 18-23; Juan 15:12, 13; 2 Pedro 3:9.

Para Memorizar: “Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz” (Jer. 29:7).
Los mensajes de los tres ángeles deben ser predicados a “toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6). De este modo, dondequiera que viva la gente el mensaje tiene que llegar a ella. Y como tantos viven ahora en ciudades, a las ciudades tenemos que ir.

En realidad, la urgencia por la obra en las ciudades se intensificó en 2007, cuando los expertos en estadística de las Naciones Unidas declararon que por primera vez en la historia, la mayoría de la población del mundo vive en áreas metropolitanas. Hoy, el ministerio urbano ha llegado a ser el problema central para la misión de nuestra iglesia.

En muchas naciones, la tarea de extender el evangelio se ha logrado más en los pueblos pequeños y las regiones rurales, que en las ciudades. Las encuestas han mostrado que en algunos de los complejos urbanos principales la mayoría de la gente nunca oyó hablar de la iglesia adventista del séptimo día, y no saben nada de los “mensajes de los tres ángeles”.

Por eso, es claro que para alcanzar al mundo, tenemos que extendernos hacia las ciudades.
Para Estudiar y Meditar:
Lee Salmos 77:20; Oseas 11:4; 2 Corintios 5:11-21; “Enseñar y curar” y “Ayuda en la vida cotidiana”, El ministerio de curación, pp. 99-118, 372, 373; “La esperanza de vida” y “Una generosa invitación”, Palabras de vida del gran Maestro, pp. 144-155, 180-189.

Había un joven que amaba al Señor y que quería contarles a otros acerca de Jesús. Se expresaba bien, era carismático y un testigo poderoso. A la gente le gustaba escucharlo hablar. No obstante, había un problema constante: siempre tenía miedo de pedirle a la gente que se decidiera por Jesús. Esto sorprendía a otros miembros de la iglesia, porque en toda otra forma parecía tan valiente para el Señor, tan dispuesto a hablar abiertamente acerca de su fe. Finalmente, cuando se le preguntó acerca de ello, dio el argumento que vimos en la sección del miércoles, de que ese no era su don. Le gustaba sembrar la semilla, pero dejaba que otros hicieran la cosecha. No obstante, después de un tiempo, confesó que, más que ninguna cosa, tenía miedo de ser rechazado. Siempre se sentía un poco inadecuado como testigo del Señor (lo que es bueno), y de esta manera tenía miedo de que la gente no hiciera su compromiso con Jesús después que él se lo pidiera. Otros en la iglesia le explicaron que el testificar no es acerca de nosotros, sino acerca de Jesús. Siempre seremos testigos imperfectos. Aunque podemos señalarles a Jesús con oración y amor, no podemos desempeñar la función del Espíritu Santo, quien solo puede producir la convicción y la conversión. No obstante, nosotros hemos de ser los conductos humanos del amor de Cristo a otros.

Preguntas para Dialogar:

¿Qué le dirías a alguien que dijera que tiene miedo de pedir a otros que hagan un compromiso con Jesús?

Juan 1:9 dice: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”. ¿De qué manera este versículo nos ayuda a comprender que el Señor está procurando alcanzar a cada persona con la salvación?

¿Cuán amigable es tu iglesia para las visitas? ¿Qué podrías hacer para mejorar la forma de tratar a los extraños que entran por su puerta?

¿Cuándo fue la última vez que alguien que pasaba frente al templo, sencillamente, entró en él? ¿De qué forma respondió la iglesia?

En la clase, conversen sobre la historia de sus conversiones. ¿De qué modo las usaron, y cómo podrían usarlas para ser un testimonio para otros?
Buscad y hallaréis

Lee Apocalipsis 3:20; Mateo 7:7 y 8; y Juan 1:12. ¿De qué maneras se relacionan estos tres pasajes, y qué nos dicen acerca de lo que significa buscar y encontrar al Señor?

Estos textos muestran que la gente tiene que pedir, buscar y estar abiertos para recibir a Jesús. En Apocalipsis 3:20, se describe a Jesús ante la puerta, y llamando para que la persona abra la puerta y lo deje entrar.

Estas ideas no son contradictorias. Por medio del poder el Espíritu Santo, el Señor actúa en los corazones de la gente, atrayéndolos hacia sí, aun si las personas no se den cuenta de esto. A menudo, están buscando algo que la vida no les ofrece. Qué privilegio es estar allí para señalarles la dirección correcta, y ayudarles a comprender mejor qué es lo que realmente están buscando.

El hecho es que, por tu intermedio, Jesús puede llamar a la “puerta” de las vidas de personas en tu comunidad, y cualquiera que voluntariamente “abre la puerta” y lo recibe recibirá las bendiciones que vienen junto con él (Apoc. 3:20; Juan 1:12). Además, él invita a sus seguidores a pedir, buscar y llamar a Su puerta, y recibir las “buenas cosas” de su Reino (Mat. 7:7, 8, 11).

Cuando el Espíritu Santo te impresiona que alguien está listo, pregúntale: “¿Quisiera orar conmigo para recibir a Jesucristo y llegar a ser miembro de su familia?” La siguiente es una oración modelo que puedes presentar:

“Querido Señor Jesús: yo sé que soy un pecador, y que necesito tu perdón. Creo que moriste por mis pecados. Quiero apartarme de ellos. Ahora te invito a entrar en mi corazón y mi vida. Quiero confiar en ti como mi Señor y Salvador, y seguirte. En el nombre de Jesús, Amén”.

Necesitamos discernimiento espiritual para saber cuándo es el momento oportuno para hacer un llamado. Aunque siempre está el peligro de ser demasiado agresivo, siempre está el peligro, tal vez peor, de no ser lo suficientemente agresivo. A veces las personas necesitan un impulso firme y amante para hacer su decisión por el Señor. ¿Quién sabe quién está vacilando, entre dos elecciones: la vida eterna en Cristo, o la pérdida eterna?

Tenemos, realmente, una responsabilidad sagrada.
Jesús y sus discípulos sanaban a la gente, y entonces dirigían sus mentes a las verdades eternas. (Ver Elena de White, El ministerio de curación, p. 13). Mark Finley nos recuerda que no presentar a Dios a la gente, es una “mala práctica” espiritual. El método de evangelismo de Jesús era tocar a la gente en los puntos de mayor necesidad. Esto es obra médico misionera. Cristo no se conformaba solo con sanarlos físicamente y nada más. La meta es vida eterna en Jesús. La obra médico misionera puede no comenzar con pedir a quienes conocemos a seguir a Jesús, pero debe llegar allí finalmente. Por amor a la gente, anhelaremos ofrecerles todo lo que Jesús ofrece.

Pero, podrás decir: “Me ocuparé en la primera parte del método de Jesús, pero no hago la parte de ‘Sígueme’. Ese no es mi don”. Si haces la primera parte, te puedes sorprender al compartir automáticamente a Jesús, pues será tan natural, porque hiciste el “trabajo previo” en los corazones.

Al llegar a conocer mejor a la gente a la que sirves, mantente alerta por oportunidades de hablar acerca de la fe y acerca de lo que el Señor significa para ti. Busca oportunidades de presentar temas espirituales. Pregunta a tus nuevos amigos acerca de su familia, su ocupación y su religión, y esto abre el camino para compartir tu testimonio personal.

En realidad, los testimonios personales pueden ser la manera más poderosa de testificar, porque también pueden ser los menos amenazantes. Tú no estás predicando abiertamente; sencillamente estás contando una historia y todos tenemos nuestra historia personal acerca de lo que Jesús ha hecho en nuestras vidas.

Lee Hechos 26:11 al 27, donde el apóstol Pablo cuenta su testimonio personal al rey Agripa. ¿Qué podemos aprender de esto, al procurar testificar a otros acerca de Jesús?

Nota las diversas etapas. Pablo contó acerca de cómo era antes de conocer al Señor. Luego, relató de su experiencia de conversión y, después, lo que había estado haciendo en su vida desde entonces. Finalmente, hizo una apelación.

Aunque nuestras historias no sean tan dramáticas como la de Pablo, ¿cuál es tu propia historia con Jesús y de qué manera puedes aprender a compartirla con otros cuando el momento sea oportuno?